La tierra de los vinos salvajes

Publicado por francois Roux en

Carlos Albertoni - El Mercuriodom abr 5 2015

 


Han pasado casi tres siglos y medio. Sin embargo, poco parece haber cambiado en la antigua y tradicional Stellenbosch. Su arquitectura de formas rectangulares, sus casas con frentes de ventanas uniformemente espaciadas, sus chimeneas de ladrillos humeando en los inviernos, sus faroles encendidos en las noches, sus calles flanqueadas por viejísimos robles y el ritmo lento de su gente, son todas postales de una atmósfera urbana que parece haber resistido la prueba del paso del tiempo.

Como si se tratara de un increíble y maravilloso anacronismo, esta ciudad del sur de Sudáfrica sigue conservando los mismos rasgos coloniales de los lejanos años de su fundación, allá por 1679. "Somos un pueblo con historia y nuestra vida cotidiana no puede separarse de eso", dice Willem Pietersen, un joven rubio y alto que, como muchos en Stellenbosch, es descendiente de holandeses. La ciudad se ubica a orillas del río Eerste y es una de las más antiguas de Sudáfrica.

El origen de Stellenbosch no solo está ligado a los holandeses. A poco de la fundación de la ciudad se instalaron en la región del río Eerste varias familias de hugonotes franceses que habían llegado al sur del continente africano huyendo de la persecución del rey Luis XIV. Conocedores del arte del vino y las uvas fermentadas, los hugonotes aprovecharon los suelos fértiles de los alrededores de Stellenbosch para desarrollar lo que fueron los primeros viñedos sudafricanos de la historia y dieron comienzo así a una industria que produce en la actualidad 1.000 millones de litros anuales, una enorme cifra que ha colocado al país como el noveno productor vitivinícola a nivel mundial.

"El vino es un símbolo de Sudáfrica", dice con orgullo el rubio Pietersen que, como casi todos en Stellenbosch, es amante de los buenos blancos y los buenos tintos, en especial del pinotage, una uva roja surgida del cruce entre el pinot noir y el cinsaut. "El pinotage es nuestro vino insignia. No tenemos grandes zonas plantadas con pinotage en Sudáfrica, pero su sabor ahumado nos identifica", describe.

El preferido de Napoléon.
De las cien mil hectáreas de viñedos que existen en Sudáfrica, las más importantes y productivas se encuentran justamente en la región donde se fundó Stellenbosch. Conocida como la región del Cabo Occidental, es una zona de veranos calientes, inviernos frescos, cielos claros y suelos fértiles que conforman una síntesis ideal para la producción de vinos.

En el corazón de esta región se levanta Groot Constantia, la bodega más antigua del país cuya fundación data de 1685. Situada en el Valle de Constantia, esta mítica finca produjo el famoso Vin de Constance, que adquiriera enorme reputación en el siglo XVIII y que se dice fuera el preferido de Napoleón Bonaparte. "Los historiadores narran que Napoleón llevó varias cajas de este vino a sus campañas por Egipto y Siria. Incluso dicen que durante su exilio en la Isla de Elba fue casi su única bebida", detalla Musa, un guía de piel y cabellos muy oscuros que lleva a los turistas por las habitaciones de la vieja casona. El recorrido termina con una degustación de los mejores vinos de la finca, en especial el exquisito sauvignon blanc y el muy exclusivo grand constance. El valor por todo el tour es de tan solo 5 dólares.

El Valle de Constantia es el punto de partida ideal de la llamada Ruta del Vino del Cabo Occidental, que recorre 160 kilómetros de carreteras orilladas a serranías en las que se amontonan vastos campos de vides. A corta distancia de la vieja Groot Constantia se hallan las también antiguas bodegas de Asara, Spier, Boschendal y Vredenheim, esta última inconfundible por la presencia de un corral con cebras y avestruces cerca de su entrada.

"Bienvenidos a Sudáfrica, una tierra de vinos salvajes", anuncia con gestos ampulosos Pierre, el anfitrión de los visitantes que llegan a Vredenheim. "Nuestro país es un paraíso de animales salvajes y nuestros vinos tienen el espíritu de ellos", dice Pierre cuando se inicia el recorrido por la bodega que combina salones de enormes barricas de roble con sitios por donde deambula media docena de gacelas, el animal nacional de Sudáfrica. La bodega Spier también utiliza a los animales como anzuelo turístico. En su predio es posible visitar jaulas con guepardos, el animal conocido como el más veloz del mundo.

Al noroeste, la Ruta del Vino del Cabo Occidental lleva hasta Paarl, durante mucho tiempo el centro de la producción vitivinícola nacional. Allí funciona la enorme bodega KWV, una gran cooperativa de viñadores nacida en 1918, que hoy está en manos privadas y que es responsable de un centenar de productos, entre ellos excelentes variedades de oporto y brandy.

Para visitar KWV (cuyas siglas corresponden a Koöperatieve Wijnbouwers Vereniging) hay que dejar de lado el reloj y andar sin apuros, ya que el recorrido suele ser largo. Hay degustaciones de todo tipo y el punto culminante del tour es la Catedral, una muy amplia bodega a la que los vitrales, las barricas labradas artísticamente y el techo abovedado convierten en un increíble santuario etílico.

Después de Paarl, el rumbo del vino lleva hasta el valle del río Breede, una zona ideal para las cosechas. Dentro de un área que posee al distrito de Worcester como principal productor, es posible recorrer bodegas centenarias como Botha Kelder, Seven Oaks, Merwida o Slanghoek, en las que no hay que dejar de probar los sauvignon blanc y muy especialmente los semillón, una variedad de uva utilizada para elaborar vinos secos o dulces, como el jerez.

 

 

http://www.elpais.com.uy/domingo/tierra-vinos-salvajes.html

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